De los ciclistas, en memoria de Muriel Casals

Traducción del articulo de opinión en Diari ARA

Las personas que vamos en bici amamos la vida. Sobre todo las que lo hacemos cada día de manera cotidiana en las calles de pueblos y ciudades de nuestro país, las que lo hacemos por convicción, como alternativa al coche o la moto, a pesar del esfuerzo que a veces supone, y a pesar del riesgo de compartir demasiado a menudo la calzada con actitudes prepotentes y temerarias detrás de los volantes.

Estimamos la vida y precisamente por eso vamos en bici, para hacer mejor nuestra vida y la del resto de personas, incluyendo las de los que conducen los vehículos que nos hacen respirar sus emisiones y monopolizan un espacio público que es de todos . Y también la de los peatones, porque la presencia de ciclistas en las calles contribuye a moderar la velocidad del tráfico y reducir el número y gravedad de los accidentes en las ciudades, las víctimas de los cuales son con frecuencia peatones atropellados por coches que exceden los límites de velocidad. Amamos a los hijos y hijas de todos, porque yendo en bici hacemos una ciudad más segura y saludable para los niños y contribuimos a su autonomía. Y también amamos a la gente mayor, porque con nuestra opción de movilidad contribuimos a evitar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, dos de las tres principales causas de mortalidad en nuestro país.

Los que vamos en bici de manera cotidiana también somos conscientes de la fragilidad de la vida, ya que cualquier pequeña incidencia al lado de coches, motos y camiones puede resultar fatal: la fragilidad la sentimos en nuestra propia piel cada día. Por eso los que creemos en la bici como opción de movilidad cotidiana nos esforzamos a adoptar hábitos de circulación que nos garanticen la seguridad y de la misma manera nos esforzamos a evitar conductas que pongan en riesgo la seguridad de otras personas, especialmente de los peatones . Y es que no es con ellos que tenemos que competir por el espacio en la vía pública, sino con los coches, el uso masivo y acrítico de los cuales se ha convertido en uno de los principales problemas de nuestros entornos urbanos.

Y es porque amamos la vida, activamente, involucrando a ella cada día con nuestros hábitos personales de movilidad, que cuando esta máquina ingeniosa y sencilla que es la bicicleta, nuestra herramienta para luchar por una vida mejor, acaba propiciando la pérdida de una vida por una desgraciada y desafortunada circunstancia, se nos hace inevitable sentir intensamente y profundamente la tristeza y el duelo.

Porque los que vamos en bici cada día amamos la vida, amamos la calle, amamos la gente, amamos nuestras ciudades y amamos el país, activamente, como lo hacía la Muriel.

Benjamín Aguilar

Asamblea Catalana de Entidades de la Bicicleta

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