La urgencia de la Movilidad Sostenible

Vivimos tiempos convulsos que están afectando a nuestros hábitos, también en el ámbito de la movilidad. Hoy más que nuca tomamos consciencia de la urgencia de un modelo de movilidad más sostenible y saludable.

La tendencia en cuento a la necesidad de modos de transporte sostenibles no es nueva. Poco a poco vemos en nuestras ciudades más bicicletas, coches eléctricos, patinetes y flotas de vehículos compartidos, …

La pandemia y, ahora, la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, pueden resultar aceleradores de este cambio de paradigma. Los fondos europeos, sin duda, serán la herramienta catalizadora para implementarlo.

No obstante, como sociedad, hemos de entender las importantes razones subyacentes importantes que explican la urgencia de un modelo de movilidad sostenible.

Movilidad sostenible y cambio climático

La humanidad se enfrenta en las próximas décadas a los riesgos derivados del cambio climático causado por la actividad humana, un problema ambiental de carácter global y potencialmente de enorme gravedad. Estamos cerca de un punto de no retorno y resulta imperativo reducir las emisiones de CO2 derivadas del transporte para cumplir los objetivos de la UE.

Un informe de la Federación Europea de Ciclistas estimaba que, si los países de la Unión Europea tuvieran una cuota de uso de la bicicleta en toda la Unión fuera semejante al que hay actualmente en Dinamarca, se conseguiría una reducción de emisiones de entre el 12% y el 26% del objetivo de la UE para 2050

Movilidad sostenible y salud

La contaminación del aire local es la causante de los mayores riesgos para la salud de origen ambiental. A nivel mundial, se estima que la contaminación del aire es responsable del 3,2% de la carga mundial de morbilidad. Se estima que ha contribuido a 6,67 millones de muertes en todo el mundo en 2019.

Motivo por el cual, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha actualizado en septiembre de 2021 sus Directrices Mundiales de Calidad del Aire. Los nuevos valores son muy inferiores a las directrices previas.

Sustituir en los desplazamientos el vehículo privado por la bicicleta o el caminar es una de las medidas más efectivas que nuestras ciudades pueden promover para reducir la contaminación. Además de las ventajas derivadas de una actividad física cardiosaludable. La movilidad no solo ha de ser sostenible sino también saludable.

Movilidad sostenible y dependencia energética

Hoy más que nunca nos damos cuenta de las graves consecuencias de la dependencia energética. La dependencia energética del exterior se situó en el 73,9% en 2020, según el INE.

El modelo de movilidad actual continúa dependiendo (95%) del petróleo y del motor de combustión, altamente ineficiente (se aprovecha menos del 20% del potencial energético). Cada familia tiene de media entre 1 y 2 coches y, habitualmente lo utilizamos con un solo pasajero

Para reducir esta dependencia tenemos dos claros caminos. El primero es la producción local de la energía necesaria, indispensablemente de fuentes renovables, juntamente con la urgente transición tecnológica del vehículo de combustión.

La segunda es la eficiencia energética. Gastar menos. Lo que implica menos coches, movilidad compartida y modos activos como caminar e ir en bicicleta que no requieren consumo energético (más allá del de nuestro propio cuerpo).

 

No son las únicas, pero estas tres principales circunstancias justifican todos los esfuerzos que hemos de realizar, sin entrar en debates estériles que nos alejen del objetivo a corto plazo. Sin duda, necesitamos procurar un mundo un poco mejor para las generaciones futuras.

Pedaleamos y nos ponemos a ello. Es urgente !!!

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